Educar nunca fue una tarea solo de los padres: Criar en comunidad

Al hablar de crianza veo muchísimos posts que se dirigen únicamente a mamá y papá y fue justamente eso lo que me llevó a reflexionar profundamente.

En la práctica diaria, la crianza se vuelve una tarea de todos, no solo de madres y padres.

Esa abuela que recibe cada mañana a su nieto medio dormido, con el desayuno listo y los brazos abiertos.
Esa tía que llega cada tarde y sin darse cuenta, transforma la casa en una fiesta.
Esa amiga que no ve solo a una nena, sino un pequeño reflejo tuyo, y la ama de igual manera.

Ese amigo que le enseñó a andar en bici, una y otra vez, por la vereda de casa, hasta que el equilibrio apareció.
La señora de la tienda de la esquina que, a escondidas, siempre regala algún caramelo.
Los vecinos que se convierten en refugio y preparan las chocolatadas más ricas.
Ese profesor que te marcó y te enseñó que sí podías, que no todo era gris, que todavía habían personas que enseñaban con amor.

La crianza es un acto diario de los adultos hacia los niños.
Somos ejemplo en movimiento, aun cuando no lo notamos.

No hace falta ser madre o padre para comprender que esta tarea la vamos haciendo entre todos.Y si hoy escribo aquí es por el profundo deseo de que estas palabras se transformen en pequeños actos cotidianos.

La crianza no ocurre solo en los grandes momentos, ocurre en lo cotidiano, en lo aparentemente pequeño, en esos gestos que muchas veces pasan desapercibidos.

Los niños no solo escuchan lo que decimos, observan cómo tratamos a otros, cómo resolvemos un conflicto, cómo atravesamos el cansancio, cómo pedimos perdón, cómo reímos.

Cada adulto que acompaña a un niño deja una marca.
A veces sin saberlo.
A veces sin proponérselo.

Por eso criar no es una tarea solitaria ni perfecta, es un entramado de presencias, de vínculos, de ejemplos vivos que se van construyendo día a día. Y si esto es así, vale la pena preguntarnos algo más.

¿Por qué no plantearnos la responsabilidad, como adultos, de entregar todo aquello que nos hubiese gustado recibir?
No como algo utópico, sino en el simple hacer.

Tomarnos el momento para reflexionar sobre nuestras acciones hacia todos los niños que nos rodean, cambiar el chip automático y mirarlos con ojos de niño. Como cuando tu eras un pequeño y todavía recuerdas a esa vecina ‘mala’ que no te dejaba jugar en su vereda.

Hablamos sin parar del self improvement, de generar hábitos saludables, de cambiar nuestra realidad. Sí, y cien por cien sí: hay una nueva conciencia que viene avanzando fuerte en ese sentido ya hace un largo tiempo, pero tengamos siempre presente que el verdadero cambio, en cualquier aspecto de nuestra vida, siempre comienza por las bases.
Si una generación de niños crece sana y fuerte, el resto es dejar que la vida haga su magia y que el camino recorrido vaya mostrando sus frutos.

La semilla ya está plantada.
La flor está regada.
Solo se paciente, dará frutos deliciosos.

En la naturaleza están todas las respuestas para verlo.

Hoy estamos cambiando, pero ¿Y si llevamos esto un paso más allá entre todos?
No solo madres y padres: todos, como adultos, siendo parte de ese cambio.
Empecemos a regar la conciencia de todos los pequeños que nos rodean
y entreguémosles un poco de luz en medio de tanta oscuridad.

Ese es mi deseo, compartir este mensaje desde lo profundo de mi corazón.

Bendiciones
Con amor

Macarena

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